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Pequeñas venganzas: La situación de Hezbollah y de Nasrallah

Por Alon ben David - Diario Maariv


Tres días antes del comienzo del nuevo año judío habrá algunos momentos de satisfacción la semana próxima, con el acto de firma del acuerdo de normalización de relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos. Momentos que endulzaran un poco el fin de este año amargo. Al mismo tiempo, y con mucha menos satisfacción, observarán las imágenes desde Ramallah y Gaza, en Teherán y en Damasco, y se preguntarán cuál será la próxima ficha del dominó que caiga y reconozca a Israel, y si llegará también finalmente el turno de su aliado, Qatar.


Desde su lugar de residencia, bien profundo bajo tierra en Beirut, también mirará el acto de firma del acuerdo el secretario general de Hezbollah, Hassan Nasrallah y sentirá que su soledad se intensifica. Hace solo dos semanas entró en la séptima década de su vida y los socios que tuvo a su lado a lo largo del camino ya no están: su mano derecha y su jefe militar, Imad Mughniyeh, fue asesinado en 2008; siete años después mandó a la muerte al hijo, Jihad Mughniyeh; Una mano anónima le quitó también a Hassan al-Laqqis, dedicado a la tecnología y administración de Hezbollah; Él mismo liquidó a su socio Mustafa Badreddine en 2016; Y a principios de año perdió a su patrón – el comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, Qasem Soleimani.

Ya no tiene con quién asesorarse.


Irán, cuya economía colapsa bajo las sanciones, tiene dificultades para seguir brindando apoyo financiero a los integrantes del eje chiita. El sucesor de Soleimani, Ismail Kaani, no tiene la capacidad ni el espíritu para ampliar la expansión iraní como su antecesor. En esta situación, sostuve hace dos semanas, que Nasrallah aparece como el único adulto responsable en la lucha por el liderazgo del eje, y el único que se enfrentó a Israel, pero puse en duda que también sea el adulto responsable.


En la inteligencia militar israelí piensan que sí lo es.


En una serie de artículos que se publicarán en los próximos días dos investigadores senior sostendrán que Nasrallah aspira a posicionarse como el adulto responsable en el Líbano, que se preocupa por su bienestar y el de todos sus ciudadanos, y no sólo por la comunidad chiita y por Irán. Según los investigadores, la crisis económica en Irán – que redujo a la mitad el presupuesto de Hezbollah, junto con la creciente protesta contra la organización en el Líbano – generaron un cambio en la concepción de Nasrallah, y hoy en día es más pragmático y toma menos riesgos.


Las manifestaciones que estallaron en el Líbano en octubre de 2019, en reacción al “impuesto al WhatsApp”, refleja la conformación de una nueva identidad libanesa, desconectada de la pertenencia religiosa y étnica. La protesta decreció con la expansión del coronavirus, pero resurgió con la explosión en el puerto de Beirut, un incidente que contiene todos los males del estado libanés: 2.750 toneladas de nitrato de amonio (que no pertenecía a Hezbollah) que fueron confiscados y quedaron en el puerto junto a 15 toneladas de petardos, contenedores de combustible y ácido clorhídrico – una combinación que se convirtió en una perfecta bomba.


Esta bomba azotó al Líbano en momentos en que ya padece un 40% de desocupación, se declara insolvente, y tiene una inflación del 112%. El daño por la tremenda explosión se estima en decenas de billones de dólares, pero no hay quien ayude. El Fondo Monetario Internacional ofreció ayuda, pero la condicionó a la concreción de una serie de reformas profundas, especialmente para erradicar la corrupción.

Muchos de los manifestantes que volvieron a salir a las calles eran chiitas, y no cristianos o sunitas. Los investigadores Guy y Keren sostienen que esto refleja la amplia aspiración del Líbano por un cambio, un nuevo orden, la creación de una nación sin divisiones étnicas, cuyo modelo a imitar sea Europa y no Medio Oriente.


Nasrallah comprende que la redención no llegará desde Arabia Saudita, que se aleja del Líbano, ni del nuevo amigo de Israel- Emiratos Árabes Unidos.

El presidente francés, Emmanuel Macron, fue el único que se presentó allí después de la explosión, y también él exigió moderación y pragmatismo a Nasrallah. Una señal de ello se pudo ver esta semana en las conversaciones sobre el establecimiento de la frontera marítima entre Israel y el Líbano, en las que se produjo un sorpresivo avance, y hay buenas probabilidades de que finalicen en un acuerdo.


Una nueva luz en el horizonte


Con todo, Nasrallah insiste sobre su derecho a asesinar a un soldado israelí en venganza por la muerte de un libanés en Damasco, un libanés que nació en Arabia Saudita y no se sabe si conocía a alguien en Hezbollah.


¿Para qué necesita Nasrallah arriesgarse a un enfrentamiento con Israel por la muerte de un desconocido en Damasco, y más aún en medio de la crisis económica-social-política-sanitaria en el Líbano? En el Servicio de Inteligencia Militar en Israel creen que el líder de Hezbollah ve cómo Israel golpea a los iraníes y a Assad en Siria y quiere avisar que no aceptará recibir golpes sin reaccionar con ataques. Por el momento disfruta de mantenernos en alerta, parados “sobre un pie y medio”, como suele decir.


El norte de Israel supuestamente sigue la rutina, pero 50 días de alerta en el Comando Norte comienzan a notarse también en los ciudadanos. Los habitantes del norte del país se quejan de que ya no ven más soldados y patrullas en la frontera y que la sensación de seguridad personal se ve afectada. Con algo de retraso, Israel anunció que todo ataque contra sus soldados será respondido con una ofensiva contra la infraestructura del Líbano, pero Nasrallah todavía estima que si atenta contra un soldado, la respuesta israelí será moderada.


Y al parecer tiene razón: Hezbollah finalmente logrará atentar contra un soldado, e Israel reaccionará en forma moderada.


En Tzáhal creen que la respuesta a los disparos de francotiradores contra una fuerza israelí en Manara – un ataque contra dos puestos de observación – sorprendió a Hezbollah y le dejó en claro que Israel está dispuesto a mantener la disuasión. En mi opinión, la reacción quizás sorprendió, pero Nasrallah está dispuesto a asumir el riesgo y desafiarnos.


Lo que más preocupa al líder de Hezbollah es la crisis económica. Con un presupuesto de 600 millones de dólares, la mitad del presupuesto al que estaba acostumbrado, tiene dificultades para pagar salarios, dar apoyo a los discapacitados y las familias de muertos en la guerra en Siria. Mientras que la firma del acuerdo entre Israel y Emiratos simbolizará otra luz que se apagó para él, el 18 de octubre es la fecha en la que se encenderá una nueva luz. Es el día en que caduca el embargo de la ONU a la venta de armas a Irán.


Estados Unidos todavía sigue intentando convencer a los miembros del Consejo de Seguridad de que reanuden las sanciones contra Irán, lo que se conoce como “Snapback”, pero sin éxito. China y Rusia ya están viendo cómo le venderán sistemas armamentísticos de avanzada a los iraníes, y ese armamento finalmente llegará a Hezbollah. El presidente Trump tiene intenciones de presentarse y hablar personalmente en la Asamblea General de la ONU este mes, que en su mayor parte se llevará a cabo en videoconferencia, pero parece poco probable que logre cambiar el balance de fuerzas. Esa batalla parece perdida de antemano.


Estados Unidos siempre podrá por sí mismo imponer más sanciones a todo aquel que comercie con Irán, pero el fin del embargo dará un nuevo impulso a la República Islámica y sus aspiraciones nucleares. El mundo entero aguardará a los resultados de las elecciones en Estados Unidos antes de dar pasos significativos frente a Irán. Si es elegido para un mandato más, liberado de las consideraciones electorales, Trump podrá imponerle a Irán un acuerdo nuclear nuevo y bueno. Si es electo el candidato demócrata, Joe Biden – que ya ahora promete volver al acuerdo nuclear de Obama – todos volveremos al antiguo y nada bueno Medio Oriente.

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