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De la prensa local: ¿Un nuevo acuerdo nuclear con Irán? No tan rápido

El sitio web de Al Arabiya ofrece desde hace un tiempo columnas y artículos firmados por autores israelíes, entre ellos una ex parlamentaria e incluso investigadores militares de primer nivel.

A continuación, la traducción de la columna publicada por Al Arabiya bajo el título “¿Un nuevo acuerdo nuclear con Irán? No tan rápido”.

La firman Ari Heistein, investigador y jefe del despacho del director del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS). El coautor es el Dr. Raz Zimmt, investigador del INSS especializado en Irán y “un veterano observador de Irán en las Fuerzas de Defensa de Israel”.



Los dos candidatos presidenciales de Estados Unidos, Donald Trump y Joe Biden, han declarado sus intenciones de llegar a un acuerdo con Teherán sobre su programa nuclear.


En el año 2018 Trump anunció la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear firmado por Irán con las potencias, JCPOA por sus siglas en inglés.

En aquel momento, Trump dijo: "El hecho es que van a querer hacer un trato nuevo y duradero, que beneficie a todo Irán y al pueblo iraní. Cuando lo hagan, estoy listo y dispuesto".


Su rival del Partido Demócrata señaló: "Si Irán vuelve a cumplir con sus obligaciones nucleares, volvería a ingresar al JCPOA como punto de partida para trabajar junto a nuestros aliados en Europa y otras potencias mundiales para extender las restricciones nucleares del acuerdo".


Si bien estos escenarios pueden estar técnicamente dentro del ámbito de lo posible, los recientes sucesos, tanto en Estados Unidos como en Irán los hacen altamente improbables.


La hipótesis que sustenta estos planes es que Irán volverá a la mesa de negociaciones con Estados Unidos. La política de "máxima presión" del presidente Trump, que se implementó después de la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015, se basa en la premisa de que presionar a Irán económicamente más de lo que lo hizo el presidente Obama le permitirá a Trump alcanzar un acuerdo más estricto e integral con los iraníes.


En contraste, Biden parece creer que, al dejar atrás la política de "Estados Unidos primero" del presidente Trump y pasar a un enfoque más multilateral en coordinación con los aliados, además de calmar la crisis y luego entablar conversaciones con Irán, su gobierno podrá salvar al JCPOA del colapso y utilizarlo como base para construir acuerdos de seguimiento.


Es casi seguro que no se realizarán negociaciones antes de las elecciones presidenciales norteamericanas de 2020, ya que tanto Irán como Estados Unidos esperarán para recalibrar sus enfoques en función de los resultados electorales.


Sin embargo, incluso después de las elecciones - independientemente de quién gane - es posible que Irán no intente celebrar otro acuerdo con Estados Unidos. Si bien se podrían señalar las negociaciones de 2012-2015 como prueba de que Irán está dispuesto a adoptar un enfoque más pragmático en lugar de línea dura en su programa nuclear, asumir que las condiciones que facilitaron el acuerdo JCPOA existen hoy sería ignorar los significativos acontecimientos que se produjeron desde entonces.


En 2012, Irán se vio obligado a hacer un cambio de política estratégica y aceptó negociar. Las sanciones económicas ciertamente jugaron un papel importante en la decisión de Irán, pero el cambio de su política no puede explicarse simplemente por consideraciones económicas. La elección de Hassan Rouhani como presidente en el verano de 2013 creó una oportunidad para un cambio de dirección en la política de Irán e hizo posible acelerar las conversaciones entre representantes iraníes y estadounidenses que habían comenzado meses antes.


Al mismo tiempo, el progreso significativo de Irán en el ámbito nuclear le permitió congelar temporalmente algunos elementos o partes del programa sin renunciar a su capacidad nuclear militar, que el líder supremo Khamenei percibe como una garantía vital de supervivencia para el régimen.


El estado actual del sistema político iraní, que se ha radicalizado aún más en los últimos dos años, no proporciona condiciones favorables para renovar las negociaciones y alcanzar un nuevo acuerdo. En las recientes elecciones parlamentarias celebradas en febrero de 2020, los intransigentes lograron recuperar el control total del Parlamento iraní y la pandemia de coronavirus ha brindado al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica la oportunidad de aumentar aún más su participación en los asuntos de Estado, al tiempo que explota la debilidad del gobierno de Rouhani.


En términos de política exterior, durante el año pasado, Irán implementó una política de "resistencia máxima" en respuesta a la política de presión máxima de Estados Unidos. Hoy, Khamenei es muy consciente de las quejas económicas de sus ciudadanos, pero aún se mantiene firme en su posición de que la solución a la crisis económica exacerbada por las sanciones radica en una "economía de resistencia".


Esto significa reducir la dependencia de Irán de los extranjeros y reemplazarla por la producción nacional. Para Khamenei, la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear simplemente confirmó su cosmovisión paranoica y radical antiestadounidense. En opinión de Khamenei, no se debe confiar en Estados Unidos que – según su planteo – utilizó el tema nuclear como una excusa para presionar, aislar y debilitar a Irán, de modo tal de poder preparar el escenario para el objetivo estratégico final de la Casa Blanca: el cambio de régimen.


Casi una década después de que Khamenei aceptara a regañadientes permitir conversaciones con "El Gran Satanás", es poco probable que se convenza de hacerlo nuevamente.

A sus 81 años, acercándose al final de su mandato, Khamenei parece preocupado por su legado, no menos que por los problemas actuales de su país. No parece dispuesto a ingresar en los libros de historia como el líder que llevó a su país a nuevas concesiones, especialmente después de que el enfoque diplomático que aprobó en el pasado no arrojó los resultados deseados.


Pero incluso si Teherán y Washington pudieran llegar a un acuerdo, éste puede ser creíble o a largo plazo, pero no las dos cosas.


Los pactos basados en acuerdos ejecutivos, como el JCPOA, ya han demostrado ser vulnerables al cambio en la política exterior que acompaña a la transición presidencial de Estados Unidos.


Del mismo modo, incluso si un futuro "JCPOA 2.0" se consagrara como un tratado por el Senado norteamericano, es concebible que el próximo presidente pueda retirarse (como se hizo con el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio con Rusia). La debilidad de tales acuerdos de política exterior se ha vuelto especialmente evidente en las últimas décadas, ya que cada presidente parece tener la intención de invertir la dirección que había tomado su predecesor.


Vale la pena señalar que la campaña de "presión máxima" de Estados Unidos puso en evidencia que Washington tiene más influencia económica sobre Irán de lo que se había previsto inicialmente, incluso en momentos en que actúa en forma unilateral. Eso puede proporcionar algún incentivo para que Irán haga un nuevo acuerdo, pero es poco probable que ése sea el factor decisivo en la toma de decisiones iraníes.


Aunque no está claro si un nuevo acuerdo nuclear será algo alcanzable, quien sea que sea el próximo presidente de Estados Unidos podría no tener una alternativa mejor y realista.


Los esfuerzos norteamericanos para alcanzar un nuevo acuerdo deben basarse en los siguientes tres supuestos:

1. Se necesitará presión para cualquier acuerdo futuro

2. No se llegará a un acuerdo hasta al menos noviembre de 2020

3. Cuanta menos influencia tenga Estados Unidos en las negociaciones, menos podrá dar forma a un acuerdo futuro.

Dicho todo esto, sería aconsejable que los dos candidatos desarrollen un "Plan B" sobre cómo hacer frente a la amenaza nuclear iraní, a fin de estar preparados para la posibilidad muy real de que Teherán se niegue a volver a la mesa de negociaciones.

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