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De la prensa local/Israel: Cuando los que tienen razón disparan contra los que tienen más razón

Por Ben Dror Yemini

Diario Yediot Ajaronot


No es éste el país que soñé, me dijo Sh.D, un industrial que da trabajo a cientos de empleados, y que gracias a él y a otros como él Israel – a pesar de todo – es una historia de éxito.


Terminé los estudios en MIT, me contó. Pude haberme quedado allí y estar en cualquiera de esos lugares con los que otros sueñan. Regresé a Israel porque éste es mi país. Soy sionista. ¿Y qué escucho ahora? Que soy un traidor, sólo porque pienso que Israel necesita otro gobierno, porque pienso que hay que terminar con el dominio sobre otro pueblo, porque estoy a favor de los derechos humanos.

Combatí en dos guerras. Dos de mis tres hijos hicieron un servicio militar combatiente. ¿Yo soy traidor?


Fui a la manifestación de las banderas negras, me dice, pero ustedes me llaman “la élite blanca”. ¿Por qué? ¿Porque me importa este país? ¿Por qué no soy capaz de digerir la idea de que una persona con tres causas judiciales pendientes sea primer ministro en el país en el que crecí?


¿Porque pienso que la Corte Suprema de Justicia debió haber sacado a una persona así del gobierno? ¿Eso me convierte en racista? ¿En arrogante? ¿Alguno de esos que me atacan hizo una décima parte de lo que yo hice por sionismo y responsabilidad social?

Es cierto, triunfé en la vida. Hoy pertenezco a la clase alta. Eso lo hice con mis propias manos. No recibí subsidios del Estado. Pero mi país prefiere abandonar a los agricultores y entregar billones a aquellos que no trabajan por elección, por decisión propia. Yo puedo irme mañana y seguir viviendo bien en cualquier otro lugar del mundo. Estoy aquí porque no estoy dispuesto a darme por vencido. Algunos de mis amigos ya no quieren que mis hijos se queden en Israel. Son gente del gran mundo.

Si continúan así, con la instigación en nuestra contra, si nos siguen convirtiendo en traidores, entonces realmente éste ya no será mi país.


¿Ustedes no comprenden que Israel es una historia de éxito también gracias a personas como yo, y que vuestro ídolo Netanyahu nos hace sentir extranjeros y odiados en nuestro propio país?


¿Ustedes no comprenden que el odio que Netanyahu fomenta contra la élite, la Fiscalía, al Estado de Derecho, a personas como yo, empuja a mis amigos a abandonar Israel?

Es cierto, nosotros somos “móviles”, como nos llama el nuevo ídolo de los seguidores de Netanyahu, Gadi Taub. Somos gente del gran mundo. Pero él se olvidó que nosotros elegimos estar aquí. Y si siguen con vuestra instigación, muchos de mis amigos no estarán aquí.



Una gruesa rama de árbol


Escuché su monólogo. Un monólogo dicho desde el dolor. Él habló conmigo porque también yo hago críticas a la oligarquía jurídica, también está enojado conmigo. Tú serruchas la rama sobre la cual todos estamos sentados, argumentó.


En el marco de la capacidad de polemizar que creo que tengo, puedo responderle a Sh.D. Dice algunas cosas ciertas, también otras que no lo son.


Pero esta vez no voy a polemizar, no sobre las cosas que dijo en mi contra ni sobre las cosas importantes y ciertas, en general, que escribe el Dr. Taub.


Porque esta vez, y no sólo esta vez, es más importante escuchar a Sh.D.

Él representa una amplia capa de personas. Algunos de ellos dan trabajo a cientos de familias, hacen un aporte fantástico a la exportación israelí, tienen una buena parte de la responsabilidad por la innovación, la alta tecnología, en el desarrollo de la agricultura de avanzada y de mil y un inventos más que convirtieron a Israel en una historia de éxito.


La mayor parte de quienes pertenecen a este grupo piensan más o menos como él.

Ellos vieron esta semana las sesiones de la Corte Suprema de Justicia y opinaron lo contrario de lo que yo opino. Ellos están indignados por el hecho de que Netanyahu será nuevamente primer ministro. Y esa indignación, en general, no es producto de odio a los seguidores de Netanyahu. Esa indignación es producto del dolor que sienten por el país. Esa indignación es producto de la sensación que tienen, de que pueden convertirse en extranjeros en su propio país.


Así que, para variar, hay que decirle a aquellos que piensan lo contrario que Sh. D: Sh. D tienen razón en algunos de sus planteos, incluso cuando se equivocan en otros. Ya he polemizado con parte de esos planteos.


Pero hay algo que debe quedar claro. Ellos no son ni enemigos ni traidores. Les importa el país. Y ese sentimiento es importante. No hay ninguna necesidad de estar de acuerdo con todo lo que dicen para saber que ellos quieren transformar a Israel en un país mejor. No hay ninguna necesidad de tildarlos de post-sionistas o anti-sionistas, o generalizarlos como “activistas de derechos” que llevan adelante campañas contra Israel.


Porque Sh.D y sus amigos son, en general, verdaderos sionistas. Ellos hacen, son emprendedores, ellos inventan.


Gracias a ellos, sí, gracias a ellos, Israel tiene hoy en día billones de dólares en el erario público. Ellos son la vanguardia.


Ellos son los “móviles” que hicieron por ellos y para ellos pero no sólo por ellos y para ellos. Después de todos los trucos que sus contadores hacen, las dos clases económicas más altas han pagado en la última década entre el 80 al 90% del impuesto a los ingresos del total de la población. Por supuesto que entre ellos hay estafadores, delincuentes y corruptos. Pero, en definitiva, son la columna vertebral del país. No se puede sin ellos.




Basta de despreciar a los votantes.


Mil veces escribí: presten atención a los votantes de derecha y a quienes apoyan a Netanyahu. No los desprecien. No son un rebaño. Y esta semana hemos recibido otro ejemplo de ese desprecio. Uno de los más destacados líderes de la izquierda, Mordechai Kremnitzer, escribió un artículo increíble que es todo deslegitimación de la voluntad del votante. Si votan como él, él respeta la democracia. Si votan de otra manera, él y sus amigos emprenderán otra campaña para convencer a la Corte Suprema de Justicia de pisotear la democracia.


Pero Sh. D no es Kremnitzer, e incluso si está influenciado por Kremnitzer, hay que prestar atención a su dolor.


En el marco de la polarización que hay quien fomenta aquí – desde la derecha y desde la izquierda – hay también millones, que no son sólo la capa de los que están en muy buena situación económica, sino generalmente de la clase media, a quienes este país les es muy preciado. A pesar de que a veces se equivocan y a pesar de todas las disidencias políticas.


Lo más difícil para todo aquel que participa en el debate político – y en Israel son casi todos – es comprender que el otro no es un fascista instigado, si está de un lado. Y no es un traidor, auto-antisemita, si está del otro lado. Hay fascistas y hay auto-antisemitas. Pero son una minoría en cada uno de los dos lados.


Y volviendo a la manifestación de las banderas negras, que sacó a Sh.D a la calle, hay que recordar que comenzó con una hermana y tres hermanos – la familia Shvartzman – física, ingeniero en la industria de defensa, y dos hombres de High-Tech.


La exigencia más irritante que tienen es que un acusado de delitos penales no pueda ser candidato a primer ministro. No está claro que tengan razón. Hubo un debate sobre ello en la Knesset, con argumentos de peso sobre por qué no es tan claro y tan simple como parece. Pero la mujer que inició esta protesta me aclaró que ellos no exigen que eso se haga efectivo ahora, sino a partir de las próximas elecciones. Ellos aceptan la definición democrática. Por completo.


Nosotros necesitamos ahora un llamado a la reconciliación. Antes de que sigamos con las disidencias – un componente fundamental en toda democracia – es conveniente despojarlas del odio y la hostilidad. Es conveniente también añadir la capacidad de escuchar. También a Sh.D y sus amigos. Porque si, Dios no permita, ellos bajan los brazos, todo el Estado de Israel bajará los brazos.

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